Bienestar 27 ago 2026 13 min de lectura

Hummus de remolacha: receta completa, cremosa y equilibrada

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Equipo Retiru

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Hummus de remolacha: receta completa, cremosa y equilibrada

Hummus de remolacha: receta completa, cremosa y equilibrada

El hummus de remolacha es una versión colorida del hummus tradicional que combina garbanzos cocidos, tahini, limón, aceite de oliva, comino y remolacha cocida. La base sigue siendo la misma: una crema de legumbre rica en fibra y proteína vegetal, pero la remolacha aporta un dulzor terroso, un color intenso y una textura algo más ligera. Bien preparado, no debe saber solo a remolacha ni quedar pesado; la clave está en equilibrar el punto ácido del limón, la grasa del tahini y el aceite, la sal y la cantidad de ajo.

Interesa porque es una receta sencilla, económica y muy versátil: sirve como aperitivo, como parte de un plato combinado, para untar en pan integral, para acompañar crudités o como salsa espesa en bowls de cereales y verduras. Además, permite tener una preparación nutritiva lista en la nevera durante varios días. Si usas garbanzos ya cocidos y remolacha cocida envasada, el hummus puede estar listo en unos 10 minutos; si cueces los ingredientes desde cero, requiere más planificación, pero el sabor suele ser más limpio y menos salado.

Puedes tomarlo a media mañana con palitos de zanahoria, pepino o pimiento, como entrante antes de una comida ligera, en una cena informal con pan de pita o como complemento proteico en un plato de arroz, quinoa o verduras asadas. También funciona bien después de una práctica suave de yoga o una caminata, cuando apetece algo saciante pero no excesivamente pesado. La ración razonable suele estar entre 60 y 100 g por persona si se toma como aperitivo, y puede subir a 120-150 g si forma parte principal de un plato.

Ingredientes con gramajes exactos

Para unas 6 raciones de aperitivo, aproximadamente 650-700 g de hummus:

  • 400 g de garbanzos cocidos, peso escurrido, o 160 g de garbanzos secos para cocerlos en casa
  • 200 g de remolacha cocida, sin vinagre, escurrida y cortada en dados
  • 45 g de tahini, unas 2 cucharadas soperas generosas
  • 35 g de zumo de limón recién exprimido, unas 2-3 cucharadas
  • 35 g de aceite de oliva virgen extra, más un poco para servir
  • 1 diente de ajo pequeño, sin germen interior si lo tiene
  • 3 g de comino molido, aproximadamente 1 cucharadita rasa
  • 5 g de sal fina, aproximadamente 1 cucharadita rasa, ajustable según los garbanzos
  • 40-80 ml de agua fría o líquido de cocción de los garbanzos, para ajustar textura
  • 1 cucharadita de semillas de sésamo, opcional para servir
  • Perejil, cilantro o eneldo fresco picado, opcional
  • Pimienta negra recién molida, opcional

Si usas garbanzos de bote, conviene elegirlos con poca sal y enjuagarlos bajo el grifo hasta que dejen de hacer espuma. Si usas remolacha cocida envasada, revisa que no esté conservada en vinagre, porque cambiaría demasiado el sabor final. La remolacha al natural, cocida al vapor o asada, es la mejor opción para esta receta.

Preparación paso a paso

  1. Prepara los garbanzos si los cueces desde seco. Pon 160 g de garbanzos secos en remojo con abundante agua durante 8-12 horas. Escúrrelos, enjuágalos y cuécelos en agua limpia hasta que estén muy tiernos, normalmente entre 60 y 90 minutos en olla convencional, según la variedad y la dureza del agua. Para un hummus fino, no basta con que estén comestibles: deben aplastarse fácilmente entre los dedos. Reserva parte del líquido de cocción y deja templar.
  2. Prepara la remolacha. Si partes de remolacha ya cocida, córtala en dados pequeños y escúrrela bien. Si la cueces en casa, puedes hervirla entera con piel durante 35-50 minutos, según tamaño, hasta que un cuchillo entre sin resistencia. También puedes asarla envuelta en papel de horno a 180 °C durante 45-60 minutos; así queda más concentrada y dulce. Déjala enfriar antes de pelarla para no añadir calor al hummus.
  3. Tritura primero los ingredientes de sabor. En el vaso de una batidora potente o procesador de alimentos, añade el tahini, el zumo de limón, el ajo, el comino, la sal y 40 ml de agua fría. Tritura durante 30-45 segundos hasta obtener una crema más clara y aireada. Este paso ayuda a emulsionar el tahini y evita que queden zonas amargas o densas.
  4. Añade los garbanzos y la remolacha. Incorpora los 400 g de garbanzos cocidos y los 200 g de remolacha. Tritura durante 1-2 minutos, parando para bajar los restos de las paredes del vaso. La textura inicial será espesa y granulosa; no añadas todo el líquido de golpe. Es mejor ajustar poco a poco para no terminar con una crema demasiado líquida.
  5. Ajusta la textura. Añade el aceite de oliva y vuelve a triturar 1 minuto más. Si quieres un hummus más sedoso, incorpora agua fría o líquido de cocción de los garbanzos en tandas de 10-15 ml hasta alcanzar la textura deseada. Para untar en pan, debe quedar denso pero fácil de extender; para usar como salsa de verduras, puede quedar algo más fluido. En una batidora de vaso potente, 3-4 minutos de triturado total suelen ser suficientes para una crema muy fina.
  6. Prueba y corrige. Deja reposar 5 minutos y prueba de nuevo, porque el ajo, el limón y la sal se perciben de forma distinta después de triturar. Si está plano, añade una pizca de sal o unas gotas más de limón. Si domina demasiado la remolacha, suma un poco más de comino o tahini. Si el ajo resulta fuerte, déjalo reposar en nevera: se suaviza ligeramente con el frío.
  7. Sirve con criterio. Extiende el hummus en un plato bajo, haz un pequeño surco con una cuchara y añade un hilo de aceite de oliva. Termina con semillas de sésamo, hierbas frescas o una pizca de comino. Acompáñalo con zanahoria, pepino, rabanitos, pan integral, crackers sencillos o pan de pita tostado.

Variaciones

Versión más digestiva

Si los garbanzos te resultan pesados, hay varias formas de suavizar la receta. Usa garbanzos muy cocidos, incluso ligeramente pasados, y retira parte de la piel frotándolos con las manos bajo el agua; no es imprescindible, pero mejora la textura y puede facilitar la digestión. Reduce el ajo a medio diente o sustitúyelo por ajo asado, que es más dulce y menos punzante. También puedes añadir una pizca de jengibre fresco rallado o aumentar ligeramente el comino, dos recursos culinarios habituales para platos de legumbre.

Versión sin gluten y para acompañar mejor

El hummus en sí no contiene gluten si todos los ingredientes son puros, pero el acompañamiento puede cambiarlo todo. Para mantenerlo sin gluten, sírvelo con crudités, patata cocida fría en gajos, tortitas de maíz 100 % o crackers certificados sin gluten. Evita panes de pita, colines o tostadas si no están etiquetados como aptos. Si cocinas para una persona celíaca, usa utensilios limpios y evita contaminación cruzada con tablas o tostadores.

Versión con más proteína

Para aumentar el aporte proteico sin convertir la receta en algo pesado, puedes añadir 30 g de semillas de cáñamo peladas o 40-60 g de yogur griego natural si no necesitas que sea vegano. Otra opción es servirlo con huevo cocido, tofu a la plancha o una ensalada de quinoa. No conviene añadir demasiada proteína en polvo: suele alterar el sabor, espesar en exceso y dar una textura arenosa. En esta receta, es preferible reforzar el plato completo antes que forzar el hummus.

Versión inspirada en ayurveda, sin exageraciones

Desde una mirada ayurvédica práctica, esta receta puede adaptarse según tolerancia digestiva. Para una versión más cálida y especiada, añade una pizca de cúrcuma, jengibre y pimienta negra, y sirve el hummus a temperatura ambiente, no recién sacado de la nevera. Para una versión más suave, reduce ajo y limón, y acompaña con verduras cocidas en lugar de crudas. No hace falta convertir la receta en una fórmula terapéutica: basta con observar si te sienta mejor más especiada, más ácida, más ligera o más templada.

Conservación en nevera y congelador

Guarda el hummus en un recipiente hermético, preferiblemente de cristal, y alisa la superficie con una cuchara. En la nevera se conserva bien durante 3-4 días si has usado ingredientes frescos y utensilios limpios. Añadir una fina capa de aceite de oliva por encima puede ayudar a proteger la superficie del aire, aunque no sustituye una buena refrigeración. Manténlo siempre por debajo de 4 °C y evita dejarlo horas en la mesa, sobre todo en verano.

Si quieres congelarlo, repártelo en porciones pequeñas de 100-150 g. Congela hasta 2 meses para mantener una calidad razonable. Al descongelar, pásalo a la nevera durante varias horas y remueve enérgicamente antes de servir; puede separarse un poco el agua, algo normal en cremas de legumbre. Si queda más denso, añade una cucharada de agua fría o aceite de oliva y vuelve a batir brevemente.

No es recomendable congelarlo y descongelarlo varias veces. Si lo vas a llevar fuera de casa, usa una bolsa térmica y consúmelo en el mismo día. Cuando notes olor ácido extraño, burbujas, moho o sabor fermentado, deséchalo.

Beneficios razonables del hummus de remolacha

El principal valor de esta receta es que combina legumbre, semillas y verdura en una preparación fácil de incorporar al día a día. Los garbanzos aportan hidratos de carbono complejos, fibra y proteína vegetal, lo que ayuda a que el hummus resulte saciante. El tahini, elaborado con sésamo, suma grasas insaturadas, minerales y una textura cremosa que evita tener que depender solo del aceite. El aceite de oliva virgen extra aporta sabor y grasa de buena calidad en una cantidad moderada.

La remolacha contiene folatos, pigmentos naturales como las betalaínas y nitratos presentes de forma natural en esta hortaliza. Estos nitratos se han estudiado por su relación con la producción de óxido nítrico, un compuesto implicado en la función vascular, aunque no conviene presentar el hummus como un tratamiento para la tensión arterial ni para problemas circulatorios. En una dieta variada, la remolacha puede ser una forma interesante de añadir color, sabor dulce natural y diversidad vegetal.

También es una receta útil para aumentar el consumo de legumbres en personas que no siempre toleran bien guisos o platos de cuchara. Al estar triturado y combinado con limón, especias y grasa, puede resultar más apetecible. Aun así, la cantidad importa: una ración moderada funciona mejor que comer medio bol sin darse cuenta, especialmente si se acompaña de pan, nachos o crackers salados.

Precauciones: para quién no conviene o cuándo moderarlo

El hummus de remolacha es saludable para muchas personas, pero no es ideal en todos los casos. Si tienes alergia al sésamo, debes evitar el tahini por completo y elegir una alternativa segura, como una pequeña cantidad de crema de semillas que toleres o simplemente más aceite de oliva y garbanzo. Si sigues una dieta baja en FODMAP o tienes síndrome de intestino irritable, los garbanzos y el ajo pueden provocar gases, distensión o molestias; en ese caso, usa raciones pequeñas, garbanzos en conserva bien enjuagados y aceite infusionado con ajo en lugar de ajo fresco.

Las personas con tendencia a cálculos renales de oxalato cálcico suelen recibir indicaciones específicas sobre alimentos ricos en oxalatos, y la remolacha puede formar parte de los alimentos a moderar según el caso. No significa que esté prohibida para todo el mundo, pero conviene consultarlo si ya tienes antecedentes. También es normal que la remolacha tiña la orina o las heces de color rosado o rojizo, un fenómeno conocido como beeturia; suele ser benigno, aunque si hay dudas o aparece dolor, no debe atribuirse automáticamente a la comida.

Si tienes hipertensión y usas medicación, no hay motivo general para evitar una ración normal de hummus, pero sí conviene controlar la sal, especialmente si utilizas garbanzos de bote o acompañamientos salados. En personas con tensión baja o sensibilidad a cambios vasculares, grandes cantidades de remolacha o zumo de remolacha pueden no sentar igual de bien; esta receta usa una cantidad moderada, pero la tolerancia individual cuenta. Para niños pequeños, reduce sal y ajo, y ofrece una textura adecuada para evitar atragantamientos con acompañamientos duros.

FAQ

¿Puedo hacer hummus de remolacha con garbanzos de bote?

Sí, y es la opción más rápida. Usa un bote grande de 400 g de garbanzos cocidos y escúrrelos bien; el peso escurrido suele rondar los 240-250 g, así que puede que necesites algo más de un bote para llegar a 400 g. Enjuágalos hasta que el agua salga clara y prueba antes de salar, porque algunos vienen bastante salados. Si quieres una textura más fina, caliéntalos 3-4 minutos en agua caliente y escúrrelos antes de triturar.

¿Por qué mi hummus queda granuloso?

Suele deberse a garbanzos poco tiernos, poca hidratación o triturado insuficiente. Para solucionarlo, añade agua fría poco a poco y tritura más tiempo, parando para bajar los restos de las paredes. También ayuda batir primero tahini, limón y agua antes de incorporar garbanzos y remolacha. Si usas una batidora de poca potencia, haz la receta en dos tandas.

¿Se puede hacer sin tahini?

Sí, aunque el sabor será menos clásico y la textura menos sedosa. Puedes sustituirlo por 20-30 g de semillas de sésamo molidas, por una cucharada de crema de almendra suave o por un poco más de aceite de oliva. Si lo omites sin sustituir, ajusta con algo más de garbanzo, limón y agua para que no quede plano. En caso de alergia al sésamo, no uses semillas ni tahini.

¿Se toma frío o a temperatura ambiente?

Puede tomarse frío, pero suele tener mejor sabor si reposa 10-15 minutos fuera de la nevera antes de servir. A temperatura ambiente se perciben mejor el limón, el comino y el aceite de oliva. No lo dejes fuera más de 2 horas, y menos aún si hace calor. Para una comida tranquila, sácalo al empezar a preparar el resto del plato y vuelve a refrigerar lo que sobre.

Cierre

El hummus de remolacha es una receta sencilla, vistosa y práctica cuando se prepara con equilibrio: garbanzos muy tiernos, remolacha sin vinagre, buen tahini, limón suficiente y una textura ajustada poco a poco. Puede ser un aperitivo nutritivo o una base para comidas completas si se acompaña con verduras, cereales integrales o proteína adicional. En Retiru nos gusta este tipo de cocina cotidiana: simple, consciente y fácil de sostener en el tiempo.

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